martes, 22 de noviembre de 2011

3.3 TEORÍA DE LOS AFECTOS

La teoría de los "affetti" o afectos humanos, que nace en Florencia, dice que la música puede transmitir sentimientos y afectar al alma del oyente, a modo de catarsis o de estímulo, con afectos de alegría, quietud o tristeza.


 La música del Barroco se caracterizará por la búsqueda de la expresividad, plasmada en una sistematización de los diferentes afectos humanos, que se relacionarán tanto con las diferentes escalas como con los instrumentos, y que será conocida como Teoría de los Afectos. Esta teoría surgió de la música vocal, aunque después pasó a aplicarse también a la música instrumental como forma de hacer llegar al público unos sentimientos concretos.La teoría de los afectos fue desarrollada por algunos compositores, músicos y filósofos de los siglos XVII y XVIII, aunque el comienzo de esta teoría encuentra sus orígenes en la antigua Grecia.

Esta teoría desarrolla la descripción y sistematización de los efectos psicológicos que la música debe tener. Esta idea que no es solo específicamente sobre la música, si no a todas las artes, puesto que todas tienen raíces profundas en la percepción del ethos.

Pero de todas formas ya algunos músicos del siglo XVI reconocieron la capacidad de la música a la hora de influir directamente en nuestro sistema emocional afectando al sistema nervioso y por lo tanto de manera psicológica. Con lo cual se podría decir, que la teoría de los afectos es una consecuencia directa de la retórica musical. El objetivo es afectar emocionalmente a la audiencia, y a su vez describir y/o comunicar determinados sentimientos.

Un ejemplo de esto es la música religiosa, siempre a perseguido el único objetivo de ‘mover los efectos’ para conseguir manipular de manera evidente un sentimiento de fervor...

Actualmente muchos musicólogos están desarrollando nuevos caminos de investigación sobre los efectos que produce la música desde una perspectiva más científica y rigurosa, acercándose al mismo tiempo al campo de neurología, que permite estudios más concretos a cerca de las zonas cerebrales que se ven afectadas por las ondas que transmiten ciertos tipos de música. Pero todo este proceso y esta teoría son algo complicado porque no sólo va unido a la neurología, si no también al subconsciente y desde Freud no se ha avanzado mucho en este campo.

La música de Bach, siempre ligada a los misterios del iluminación, me suele transmitir a parte de un cierto misticismo, una profunda tranquilidad y equilibrio, algo semejante a lo que siento al contemplar un cuadro de Rafael o Miguel Ángel. En cambio, la música de Wagner es como un continuo contraste llevado al extremismo, es una música ligada a la escenografía y bastante destructiva, me recuerda en cierta forma a los cuadros de Caravaggio, pero Wagner es el tenebrismo extremo y pudoroso que disfraza a la moral cristiana de mitología, engañando así al público.

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